Estudiantes, gremios y familias porteñas copan la Plaza de Mayo para exigir que se cumpla la ley, mientras el Gobierno se atrinchera en la Justicia para no soltar un peso.
La paciencia se agotó y la Ciudad de Buenos Aires se prepara para un martes de furia y asfalto. Es la cuarta vez en la era Milei que el sistema universitario saca el pecho para frenar la motosierra, pero esta vez el clima es distinto: hay olor a final de ciclo en la paciencia social. Con salarios que caen por decimoséptimo mes consecutivo y becas congeladas en cifras ridículas, la Plaza de Mayo será el termómetro de un país que se niega a ver morir sus aulas.
El conflicto escaló a los tribunales, donde el Gobierno logró una «avivada» judicial para suspender los pagos hasta que decida la Corte Suprema. Pero la calle no entiende de expedientes: el 80% de los profes porteños vive por debajo de la línea de pobreza y los hospitales universitarios, como el Clínicas, ya avisan que en 45 días se quedan sin insumos. ¿Hasta dónde piensa tirar de la cuerda la Casa Rosada antes de que se rompa del todo?
La convocatoria es un cóctel explosivo que une a la UCR, el peronismo, la izquierda y hasta a los famosos que salieron a poner la cara en videos virales. Pero el verdadero miedo del oficialismo no son los gremios, sino la «familia de a pie»: esa que sale con el cartelito hecho a mano porque no quiere que su hijo sea el último que pueda ir a la facultad. En Capital, las columnas bajarán desde Medicina y Económicas para demostrar que el ajuste ya no pasa por el filtro del «esfuerzo».
El protocolo antipiquetes de Bullrich estará bajo la lupa, aunque en las marchas anteriores tuvieron que guardarse las ganas ante la marea de gente. Mientras tanto, en los pasillos de la UBA el mensaje es claro: si no hay plata, no hay futuro. La movilización de hoy no es solo por un presupuesto, es un grito de guerra contra un modelo que parece querer una Argentina sin profesionales.
¿Va a seguir el Gobierno ignorando la ley que votó el Congreso o la presión de la plaza los va a obligar a recular? La moneda está en el aire y hoy, a las 17, se juega mucho más que una partida presupuestaria.
