El Ministerio de Seguridad provincial gasta 23 mil millones en robots telefónicos y una central en La Matanza, forzando una conexión directa con la Policía de la Ciudad.
La polémica por la seguridad metropolitana suma un nuevo capítulo tecnológico y millonario. El gobierno de Axel Kicillof anunció una reforma total del sistema 911 bonaerense con una inversión que supera los 23.000 millones de pesos. El plan pretende automatizar las denuncias con Inteligencia Artificial y mudar el control al Conurbano profundo, una jugada que repercute de inmediato en las comunas porteñas que sufren el día a día del delito interjurisdiccional.
La gran apuesta oficial es poner «agentes de IA» a atender los teléfonos para identificar patentes, nombres y lugares en tiempo real. En la Ciudad de Buenos Aires la mirada es de pura desconfianza: de nada sirve que un software procese los datos a la velocidad de la luz si después las fuerzas de seguridad no logran frenar a los delincuentes antes de que crucen los puentes o la Avenida General Paz para refugiarse en el Gran Buenos Aires.
Para colmo, la nueva base operativa se instalará en La Matanza, el distrito más caliente y cuestionado de la provincia. Mientras el gobierno bonaerense celebra haber cerrado la licitación por menos plata de la prevista, en las calles porteñas se mira de reojo el impacto real de mudar la cabecera de emergencias a una zona desbordada por la delincuencia. El debate sobre el destino de los fondos públicos vuelve a encenderse.
La inversión promete también videollamadas para filmar los hechos en vivo y el rastreo por satélite de hasta 200.000 policías y patrulleros. El sistema cruzará datos en red con la Policía de la Ciudad, el Renaper e Interpol, obligando a las centrales de la capital a sincronizarse con una plataforma provincial que arrastra severas críticas por sus tiempos de respuesta.
El soporte técnico se firmó por 24 meses y la tecnología ya está en marcha. La gran incógnita que divide aguas entre los ciudadanos es si los robots telefónicos y los millones invertidos en infraestructura van a blindar las fronteras del mapa delictivo o si se trata de un nuevo experimento digital que dejará las calles igual de desprotegidas.
