El Mundial más grande y ambicioso de la historia está a la vuelta de la esquina, pero la pelota ya viene manchada. Con la inédita organización tripartita entre Estados Unidos, México y Canadá, y la expansión a 48 selecciones, la FIFA nos vende un espectáculo de alcance global sin precedentes. Sin embargo, detrás del marketing oficial se esconde una matriz de exclusión económica, tensiones geopolíticas, negligencia deportiva y un reglamento armado a la medida de los anfitriones.
Fieles a nuestra costumbre de no mirar para otro lado, en TeleDía desarmamos las cuatro grandes controversias que la casa madre del fútbol prefiere esconder bajo la alfombra antes del silbatazo inicial.
1. Entradas VIP: la expulsión del verdadero hincha
La preocupante predicción de que este sería el Mundial del «sándwich de langostinos» —un evento diseñado exclusivamente para un público corporativo y de alto poder adquisitivo— se ha vuelto una dura realidad. La política de precios de la FIFA, basada en la fría lógica de la oferta y la demanda, está dejando afuera a los verdaderos dueños de la fiesta.
- Valores prohibitivos: Un asiento para la fase de grupos del seleccionado estadounidense pasó de US$ 60 a US$ 1.000 en cuestión de semanas.
- La final, un lujo obsceno: El valor nominal para presenciar el partido decisivo superó la barrera de los US$ 32.000, sin contar el mercado de reventa.
- La bronca local e internacional: En México, los residentes asumen con resignación que este Mundial «no es para ellos». Mientras tanto, un hincha argentino graficó el despropósito: con la misma plata que bancó los tres partidos de la Scaloneta en la fase de grupos de Qatar 2022, hoy a duras penas podría pagar una sola entrada para el debut de este año.
La respuesta de la FIFA fue liberar unas pocas entradas a precios «accesibles», no por empatía con el trabajador, sino por el pánico que le generan las fotos de estadios semivacíos.
2. Hipocresía geopolítica: el exilio forzado de Irán
El fútbol no está exento de las guerras, pero lo que ocurre con Irán roza el bochorno diplomático e institucional. La selección asiática clasificó por mérito propio, pero se chocó de frente con la hostilidad del anfitrión principal.
En un clima caldeado por las tensiones en Medio Oriente y los cruces con la administración de Donald Trump, las garantías de seguridad para el plantel iraní en suelo estadounidense brillaron por su ausencia. ¿El resultado? Irán, a pesar de jugar sus tres partidos de la fase de grupos en Estados Unidos, tuvo que armar su búnker del otro lado de la frontera, en Tijuana, México. Deberán cruzar con visados restringidos el mismo día de cada encuentro. Una aberración organizativa que rompe con el deber básico de cualquier país anfitrión.
3. El pasto de la discordia: el negocio por sobre la salud
Hace un par de años, Marcelo Bielsa expuso sin filtros el estado «impresentable» de los campos de juego durante la Copa América en Estados Unidos. La dirigencia miró para otro lado, pero el fantasma de las lesiones sigue acechando a los protagonistas del juego.
El problema de fondo es estructural y netamente comercial. La mayoría de los imponentes estadios estadounidenses están diseñados para exprimir los millones de la NFL (fútbol americano), lo que implica bases sintéticas que alteran la pisada, el bote de la pelota y, lo más grave, exponen al futbolista a lesiones severas. Aunque la FIFA promete la instalación de un césped innovador de última hora, la improvisación está a la vista.
4. El «dedo» seleccionador y un fixture a la carta
El cambio de formato a 48 equipos dinamitó la meritocracia deportiva en el armado de los cruces directos. Al clasificar los ocho «mejores terceros» para completar la llave de 16avos de final, la justicia deportiva quedó completamente distorsionada. No es lo mismo clasificar tercero sobreviviendo al grupo de Brasil o Francia, que hacerlo en un grupo de menor nivel competitivo.
Pero la verdadera estocada al espíritu deportivo fue denunciada, con justa razón, por Lionel Scaloni: la imposición «a dedo» de los cruces. La FIFA determinó por decreto que los líderes de los grupos de los tres anfitriones (Estados Unidos, México y Canadá) cruzarán irremediablemente contra un tercero, asegurándoles una llave infinitamente más amable. Si terminan segundos, se garantizan evitar a los ganadores de otros grupos. Un formato VIP diseñado en los escritorios de Zúrich.
