La petrolera YPF autorizó un nuevo aumento del 1% y avisó que la bomba de tiempo de los precios internacionales sigue activa bajo un esquema de deuda futura.
Los conductores de la Ciudad de Buenos Aires se despertaron con un nuevo dolor de cabeza en las estaciones de servicio. El gobierno permitió un ajuste del 1% en los combustibles que rige desde este jueves, pero lo que realmente genera bronca es la letra chica del anuncio: el precio real está «atado con alambre». Mientras el barril de petróleo supera los 100 dólares, la empresa estatal decidió patear la pelota para adelante con una cuenta que alguien va a tener que pagar tarde o temprano.
El famoso «buffer de precios» no es otra cosa que un parche de 45 días para que el impacto internacional no termine de hundir el consumo de forma inmediata. La realidad es que el conflicto en Medio Oriente ya disparó los precios más de un 23% y las proyecciones indican que todavía falta un 15% más de aumento. La indignación crece porque, bajo el nombre técnico de «cuenta compensadora», lo que hoy no se paga se terminará cobrando con intereses en los próximos meses.
A esto se suma el polémico sistema de «micropricing», donde el precio de la nafta ya no es fijo ni previsible. Dependiendo de la hora en la que cargues o la zona de la Capital donde estés, el surtidor te puede marcar un número distinto. El gobierno busca optimizar la rentabilidad de la empresa, pero el resultado para el laburante es la incertidumbre total cada vez que tiene que llenar el tanque para salir a trabajar.
La desregulación del mercado parece ser una vía libre para que las petroleras sigan ajustando mientras el bolsillo de la clase media no aguanta más. La supuesta contención de precios es apenas un alivio temporal que oculta una montaña de aumentos acumulados. La sociedad manifiesta preocupación por un esquema que prioriza los balances de la compañía por sobre la estabilidad de los precios internos en un contexto de inflación persistente.
¿Hasta cuándo van a seguir inventando nombres raros para disfrazar los tarifazos en la cara de la gente? El debate está instalado en cada estación de servicio de la ciudad, donde la paciencia de los usuarios se agota tan rápido como el combustible. El impacto en el flete y en los productos básicos será la consecuencia inevitable de esta política de parches que solo posterga el estallido de los precios finales.
