En una charla íntima y sin filtros durante el ciclo Storytime (Bondi), Alejandra Maglietti dejó de lado su perfil habitual para exponer una faceta mucho más vulnerable y humana. Ante la presencia de Matías Alé y junto a Nazarena y Barbie Vélez, la modelo y panelista confesó que la infidelidad ha sido una constante dolorosa en su historial sentimental, reconociendo que le ha tocado atravesar esa experiencia «bastante, bastante» veces.
Del dolor a la acción: «Hice guardia»
Lejos de idealizar el desamor, Maglietti relató cómo aprendió a gestionar las traiciones. Si bien admitió que la terapia ha sido un hábito constante en su vida, aclaró que nunca dudó a la hora de tomar cartas en el asunto cuando su intuición le confirmaba lo peor.
Uno de los pasajes más impactantes del relato fue cuando admitió haber realizado una «guardia» para verificar sus sospechas. «A los dos minutos ya tenía la confirmación. Chau. Por más que me doliera o sufriera, el vínculo se terminaba», sentenció, dejando claro que su política es de tolerancia cero ante el engaño.
Una postura innegociable sobre la responsabilidad
Esta franqueza no es nueva en la vida de Maglietti. En 2021, a raíz del mediático Wandagate, la abogada había sentado una postura ética que mantiene hasta hoy: para ella, la responsabilidad del engaño recae exclusivamente sobre la persona que tiene el compromiso, liberando a la «tercera en discordia» de las culpas que a menudo se le asignan.
Esa visión, forjada a través de experiencias personales —incluyendo una anécdota donde se enteró de una infidelidad gracias a las cámaras de seguridad de su propio edificio—, reafirma que para Alejandra el respeto a la palabra empeñada es el pilar fundamental de cualquier relación.
El pasado y las anécdotas de purificación
La vida de Maglietti, siempre ligada a la exposición pública, también ha tenido episodios de alto perfil mediático y familiar. En el mismo ciclo de Bondi, recordó cómo su abuela, oriunda de Formosa, intentó «exorcizar» su hogar tras su producción para Playboy en 2007, convencida de que la revista había traído «el maligno» a la familia. Aquel «quilombo de novela», como lo llama hoy con humor, contrasta con la madurez y firmeza con la que hoy enfrenta las realidades sentimentales, demostrando que detrás de la figura de televisión hay una mujer que ha sabido transformar el dolor en aprendizaje.
