El economista Martín Lousteau desarmó el relato oficialista y encendió la polémica por el truco estadístico detrás de las tarifas
La indignación con el rumbo económico sumó un nuevo capítulo de furia en las redes sociales tras la filtración de un durísimo informe técnico. El diputado y economista Martín Lousteau destrozó el discurso triunfalista del oficialismo y demostró con números cómo el gobierno nacional maquilla las estadísticas públicas para simular una reactivación ficticia, mientras el bolsillo de los ciudadanos sigue completamente destruido por el ajuste.
La devaluación del relato libertario quedó expuesta al descubrirse el truco que utilizan con las tarifas de los servicios públicos. Según la denuncia, cuando el Estado quita los subsidios a la luz y el gas, ese violento tarifazo impacta en los gráficos oficiales de las cuentas nacionales como una suba de impuestos y un supuesto crecimiento del PBI. Una verdadera burla para el laburante que paga boletas impagables y ve cómo su poder adquisitivo colapsa en el día a día.
La brecha entre el festejo de los grandes empresarios amigos del poder y la realidad de los comercios porteños es cada vez más salvaje. Mientras los bancos y las financieras triplicaron sus ganancias gracias al blanqueo de capitales y la timba del carry trade, la morosidad de las familias para pagar las tarjetas de crédito encadenó diecisiete meses consecutivos de subas. El sistema financiero se enriquece a costa del endeudamiento de la sociedad.
El análisis fulminante detalla que de cincuenta y un ramas de la actividad económica, apenas diecisiete muestran signos positivos, concentrados únicamente en el agro, la minería y el petróleo. El resto del aparato productivo nacional, como la industria, la construcción y los locales barriales, está en caída libre. La manipulación de las fechas de comparación es la única herramienta que le queda al Ministerio de Economía de la Nación para sostener la mentira.
La tensión social promete escalar ante la falta de respuestas concretas para los sectores que quedaron completamente fuera del circuito financiero. El debate sobre el verdadero estado de las finanzas del país ya no se puede tapar con publicaciones irónicas en las redes, y la paciencia de los consumidores frente a la distorsión de la realidad parece haber llegado a su límite.
