Los principales funcionarios se encierran en el Ministerio del Interior presionado por las filtraciones de las peleas internas
El clima de desconfianza mutua llegó a un punto de no retorno y el gobierno nacional tuvo que convocar a una mesa política de apuro para este martes a las 11. Tras los violentos cruces en las redes sociales que dejaron expuesta la fractura entre el asesor Santiago Caputo y el sector que comandan los Menem, los principales operadores del oficialismo se encierran en las oficinas de la Casa Rosada para simular una tregua que pocos creen que dure demasiado.
La indignación ciudadana crece al ver que las máximas autoridades pierden el tiempo en repartirse cajas del Estado y espiarse mutuamente mientras la inflación no da tregua. La excusa oficial para este encuentro es el armado de la agenda legislativa de junio y el envío de un nuevo paquete de reformas al Congreso, pero la realidad es que necesitan frenar los pases de factura antes de que el escándalo paralice por completo la gestión pública.
El nivel de cinismo de los funcionarios quedó en evidencia con las fotos forzadas y los apretones de manos que armaron para las cámaras tras el Tedeum del 25 de Mayo. Ahora pretenden debatir proyectos de alta densidad estructural, como el polémico Super-RIGI, la ley de ludopatía y la eliminación de las elecciones PASO, pero el verdadero foco de conflicto es ver quién se queda con el control de las decisiones estratégicas del país.
La discusión parlamentaria se anticipa feroz en un Congreso donde el oficialismo no tiene mayorías y depende exclusivamente de la capacidad de negociación, un atributo que escasea en la cúpula actual. El listado de reformas incluye desregulaciones en seguros, navegación y el mercado inmobiliario, modificaciones sensibles que afectarán el bolsillo de millones de argentinos que ya no toleran más improvisaciones.
Las cartas están echadas y la reunión de este martes funcionará como un termómetro de la crisis institucional que sacude al poder central. Los discursos de unidad ya no alcanzan para tapar los cuchillazos en los pasillos oficiales, y los próximos días serán clave para ver si imponen la cordura o si la soberbia de los protagonistas termina por dinamitar la gestión legislativa.
