El Ministerio de Infraestructura porteño cerrará por completo la Illia, la Dellepiane, Cantilo y el Paseo del Bajo en simultáneo
El anuncio de un bloqueo masivo en los principales accesos de la Capital Federal encendió la furia de quienes circulan tarde por el territorio porteño. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dispuso un esquema de cortes totales nocturnos para este martes y miércoles que dejará atrapados a miles de automovilistas y camiones en desvíos interminables, bajo la justificación de realizar obras de mantenimiento y calibraciones tecnológicas de última hora.
La medida afecta de lleno al corazón de la conectividad urbana con el cierre de la autopista Dellepiane en sentido al centro, obligando a los conductores que entran desde la provincia a desviarse por la General Paz. No conformes con este embotellamiento garantizado, las autoridades también anularon la autopista Illia hacia el norte y la avenida Cantilo por pruebas de carga en el puente Labruna, enviando todo el flujo vehicular hacia las avenidas Figueroa Alcorta y Del Libertador, dos arterias que ya colapsan habitualmente.
La furia de los transportistas se concentra en el Paseo del Bajo, la millonaria traza exclusiva para camiones que quedará completamente clausurada primero hacia el norte y la noche siguiente hacia el sur. El tránsito pesado será arrojado a las avenidas de la superficie como Costanera, Madero y Huergo, rompiendo la promesa inicial de sacar los vehículos de gran porte de las calles de los barrios porteños.
Para sumar más complicaciones al laberinto vial, el miércoles por la noche la autopista Dellepiane cambiará el sentido del corte absoluto hacia la General Paz a la altura de Escalada. Las alternativas oficiales sugieren a los usuarios bajarse de las autopistas y atravesar la ciudad por las avenidas Independencia y Alberdi, una solución que de noche despierta serias dudas sobre la seguridad vial y los tiempos de viaje.
La gestión del tránsito en la Capital Federal vuelve a quedar bajo la lupa por la falta de coordinación y la superposición de obras que asfixian los ingresos clave. La paciencia de quienes trabajan en horario nocturno se agota frente a decisiones que transforman el regreso a casa en una verdadera trampa urbana.
