La pelea por el control del organigrama libertario dejó al descubierto la absoluta orfandad de poder de Santiago Caputo en el parlamento, donde los riojanos manejan las listas y la agenda legislativa con mano de hierro.
La feroz interna en la cúpula del oficialismo detonó por completo los pasillos del Palacio Legislativo y expuso una humillante derrota política. El estratégico avance de la dupla conformada por Martín y Lule Menem barrió del mapa la influencia del asesor presidencial, Santiago Caputo, quien pasó de pretender conducir los destinos del parlamento a ostentar una presencia marginal de apenas un puñado de legisladores leales.
El quiebre definitivo se remonta al estrepitoso fracaso de la primera versión de la ley Bases, un episodio que desató reproches cruzados y la orden tajante de prohibirle al consultor estrella volver a intervenir en las negociaciones parlamentarias. Con el aval explícito de la secretaría general de la Presidencia, los riojanos coparon el armado partidario nacional, marginando por completo a la facción denominada Las Fuerzas del Cielo de las listas electorales dominantes.
La pulseada por el manejo de las bancas oficialistas demostró que la obediencia en los bloques responde directamente a las órdenes del binomio de La Rioja, consolidando el desplazamiento de figuras clave que respondían al estratega de la Casa Rosada. En el Senado, el panorama es idéntico: el control real de las comisiones y la conducción del bloque se dirimen entre la línea dura de Patricia Bullrich y el menemismo, dejando al asesor sin interlocutores de peso en el recinto.
Para colmo de males, el reparto de las codiciadas comisiones bicamerales terminó por sepultar las ambiciones del entorno de Caputo, especialmente en áreas ultra sensibles vinculadas a la fiscalización de los organismos de inteligencia, hoy copadas por sus enemigos declarados. Cada votación y cada designación de cargos técnicos expone la soledad de un sector que creía haber gestado el triunfo electoral y hoy mendiga espacios en el Congreso.
La fractura expuesta en el corazón del poder central deja un escenario de extrema debilidad y desconfianza mutua de cara a los próximos debates clave. La incógnita latente es cuánto tiempo podrá sostenerse esta convivencia forzada antes de que la brutal disputa por los cargos termine por paralizar definitivamente la gestión legislativa del gobierno.
