La misión conjunta se ejecutó bajo estricto secreto militar e involucró a los gobiernos de Venezuela, Estados Unidos y el Reino Unido, con la supervisión técnica del OIEA. La captura de Nicolás Maduro en enero aceleró los planes por el riesgo de proliferación.
A finales de abril pasado, un convoy militar venezolano recorrió con máxima discreción los 160 kilómetros que separan el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), en las afueras de Caracas, del puerto de Puerto Cabello. Los motivos de semejante despliegue logístico y confidencialidad salieron a la luz semanas después: las fuerzas escoltaban un contenedor con unos 13 kilogramos de uranio altamente enriquecido (HEU) cuyo destino final eran los Estados Unidos.
La extracción del material nuclear fue el resultado de una meticulosa planificación conjunta que demandó años de trabajo entre Caracas, Washington y Londres, bajo la coordinación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Según informó la agencia de la ONU, la prioridad absoluta de la misión fue garantizar la seguridad de un remanente estratégico que, de caer en manos equivocadas, representaba una potencial amenaza de proliferación global.
El factor Maduro y la urgencia del traslado
Si bien las autoridades venezolanas venían solicitando formalmente el retiro de este combustible nuclear desde 2017, un acontecimiento político reciente precipitó la ejecución del operativo. La captura del expresidente Nicolás Maduro, efectuada el pasado 3 de enero de 2026 mediante una operación militar estadounidense, incrementó drásticamente las alarmas de seguridad.
De acuerdo con un comunicado emitido por el ministro de Exteriores venezolano, Yván Gil, las acciones militares de las fuerzas norteamericanas durante la detención de Maduro se desarrollaron en las inmediaciones del IVIC, llegando a registrarse movimientos a escasos 50 metros del antiguo reactor. Este escenario crítico confirmó a las partes la urgencia de retirar de inmediato el uranio para evitar incidentes mayores en la zona de custodia.
El origen: «Átomos para la paz»
Los 13 kilogramos de uranio confiscados constituían el combustible remanente del RV-1, el primer reactor nuclear de investigación instalado en América Latina. La planta fue adquirida a la empresa estadounidense General Electric a fines de la década de 1950 e inaugurada formalmente en noviembre de 1960.
La llegada de esta tecnología a Venezuela se dio bajo el amparo de «Átomos para la paz», una iniciativa global lanzada en 1953 por el entonces presidente estadounidense Dwight Eisenhower. Aquel programa promovía el suministro de material fisible y asistencia técnica a países en desarrollo para aplicaciones pacíficas en medicina, ciencia y agricultura, bajo la condición explícita de no desviar los recursos hacia fines armamentísticos. El RV-1 operó de forma sostenida hasta 1991 y cesó definitivamente sus actividades en 1997, quedando el combustible remanente almacenado en depósitos del IVIC.
Logística internacional y destino final
El operativo de traslado requirió una compleja coordinación logística que combinó transporte terrestre y marítimo internacional:
- Supervisión técnica: El OIEA se encargó de verificar las salvaguardias internacionales, realizar el control técnico del material y capacitar al personal local involucrado.
- Transporte marítimo: El gobierno del Reino Unido, a través de su división Nuclear Transport Solutions, aportó el buque de carga especializado Pacific Egret para embarcar el material en Puerto Cabello.
- Destino final: La embarcación británica navegó custodiada hasta el puerto de Charleston, desde donde el uranio fue derivado a la planta nuclear de Savannah River, en el estado de Carolina del Sur, para su procesamiento y reconversión segura.
Especialistas en seguridad internacional detallaron que, si bien el material retirado poseía una concentración de uranio-235 cercana al 20% —lejos del 90% requerido para el grado armamentístico estricto—, la cantidad era teóricamente suficiente para la fabricación de un artefacto nuclear menor. Con esta última extracción, los programas de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear de los EE.UU. (NNSA) acumulan más de 7.340 kilogramos de material nuclear sensible removido o neutralizado en todo el planeta.
